El tronco y su imagen
Gui es el décimo y último de los troncos celestes, y su imagen clásica es el rocío, la lluvia fina. Dos formas de la misma agua: la que se deposita sin que se la haya visto llegar, y la que cae con la suavidad suficiente para no estropear nada. Ninguna de las dos hace ruido, ninguna de las dos desplaza nada visible, y sin embargo nada se les resiste mucho tiempo. Una piedra expuesta a la lluvia fina acaba por ceder, no por la fuerza sino por la duración.
El temperamento que de ahí se deriva reposa en la penetración. Gui no ataca de frente, entra. Percibe los estados interiores, las tensiones no dichas, lo que se juega por debajo de la conversación, y lo obtiene sin haber necesitado preguntar. Esa intuición no tiene nada de espectacular: es una atención continua, que recoge en pequeñas cantidades y acaba por saber mucho.
La discreción sigue de forma natural. Gui ocupa poco lugar, se deja olvidar de buen grado, deja hablar a los demás y lo retiene todo. A menudo se subestima lo que comprende, precisamente porque no lo muestra. Su paciencia es del mismo orden: no necesita un resultado ahora, trabaja en el tiempo largo y deja que la situación madure.
El reverso es el de toda finura. La sensibilidad que el corpus le atribuye lo vuelve permeable a lo que lo rodea: los ambientes lo atraviesan, las tensiones de los demás se depositan sobre él como el rocío sobre lo que pasa la noche fuera. Su dificultad no es sentir, es saber qué, de lo que siente, le pertenece de verdad.
Elemento y polaridad
Gui lleva el Agua en su fase Yin. Los diez troncos reparten los cinco elementos en dos fases cada uno, y la vertiente Yang del Agua es el tronco Ren, que precede inmediatamente a Gui en el orden de los diez. Los dos comparten el elemento sin compartir la escala: Ren es el agua que lleva, Gui el agua que se infiltra.
Yin no significa ni débil ni femenino. Es una fase, no un género: concentrada, vuelta hacia el interior, ocupada de penetración antes que de extensión. El Agua Yin no se mide por el volumen que desplaza sino por lo que alcanza. Una gota basta si cae bastante tiempo en el mismo sitio.
Dónde se oculta
Una rama terrestre nunca es un bloque simple: alberga uno o varios troncos celestes, llamados troncos ocultos, que dan al pilar su color real. Gui solo se oculta en dos ramas.
En la rama Zi, la de la Rata, figura en primer rango. Ahí está en su casa: la rama le ofrece su terreno más puro, y el pilar toma la finura silenciosa que caracteriza a este tronco.
En la rama Chou, la del Búfalo, figura en segundo rango. No dirige allí, deja una humedad de fondo: una capacidad de percepción en una rama que no se define ante todo por el Agua.
Como Maestro del Día
El tronco del pilar de día lleva un nombre aparte: es el Maestro del Día, el carácter desde el cual se lee todo el resto. Nacer con Gui en ese lugar no es recibir un destino, es recibir una manera de percibir.
Un Maestro del Día Gui avanza por impregnación antes que por decisión brusca. Observa, espera, comprende una situación antes de intervenir en ella, y su influencia se nota después más que en el momento. Su baza es ver lo que no se dice y aguantar en la duración allí donde otros se agotan de una vez. Su dificultad es dejarse invadir por lo que capta, y confundir la espera paciente con el hecho de no decidir nada.
Lo que este tronco indica solo cubre uno de los ocho caracteres. Los otros siete, empezando por la rama del mismo pilar de día, modifican su expresión. Es también lo que separa esta lectura del horóscopo chino anual: el animal del año es asimismo solo un carácter sobre ocho, y no es este.
Palabras clave
- Intuición
- Penetración
- Discreción
- Sensibilidad
- Paciencia