El tronco y su imagen
Ren es el noveno de los diez troncos celestes, y su imagen clásica es el océano, el gran río. Dos imágenes para una sola idea: un agua cuyos bordes no se ven, y que va a alguna parte.
Lo que la imagen da en primer lugar es la amplitud. El agua de Ren no es un contenido, es un volumen. Lleva, transporta, absorbe sin turbarse lo que una pequeña balsa no soportaría ni un minuto. Un temperamento Ren ve ancho, se cansa pronto del detalle y prefiere un problema de gran dimensión a una tarea bien delimitada. No es negligencia, es una cuestión de escala: por debajo de cierto tamaño, el asunto no le llega.
Viene después el movimiento. Un río que se detiene deja de ser un río y se convierte en una charca. Ren necesita circular, aprender, cambiar de terreno, y su inteligencia es la de la corriente: en vez de forzar el obstáculo, lo rodea y sigue su camino. Se la reconoce por su rapidez de comprensión tanto como por su rechazo de los caminos impuestos.
La palabra que el corpus retiene es inaprensible, y vale en sentido propio. El agua no se deja contener: promesa demasiado estrecha, marco demasiado rígido, papel asignado de una vez por todas, todo lo que pretende encerrar a Ren acaba por escapársele por un lado. Es su libertad, y es también su dificultad. No se sostiene el océano en una mano, y el propio Ren no siempre lo consigue: lo que hay que aprender, lo aprende dándose un lecho, no diques.
Elemento y polaridad
Ren lleva el Agua en su fase Yang. Los diez troncos reparten los cinco elementos en dos fases cada uno, y la vertiente Yin del Agua es el tronco Gui, que sigue inmediatamente a Ren y cierra la serie de los diez. Los dos comparten el elemento sin compartir la manera: Ren es el agua que lleva, Gui el agua que penetra.
Yang no significa ni fuerte ni masculino. Es una fase, no un género: expansiva, vuelta hacia el exterior, ocupada de extensión antes que de finura. El Agua Yang se mide por su caudal y su alcance. Vale por lo que puede embarcar, no por la precisión con la que se insinúa.
Dónde se oculta
Una rama terrestre nunca es un bloque simple: alberga uno o varios troncos celestes, llamados troncos ocultos, que dan al pilar su color real. Ren se oculta en tres ramas, en rangos muy distintos.
En la rama Hai, la del Cerdo, figura en primer rango. Ahí está en su casa: la rama le da su pleno volumen, y el pilar toma la amplitud móvil que caracteriza a este tronco.
En la rama Chen, la del Dragón, y en la rama Shen, la del Mono, figura en tercer rango. No dirige nada allí, deja una reserva: un agua de fondo, presente pero que no da el tono del pilar.
Como Maestro del Día
El tronco del pilar de día lleva un nombre aparte: es el Maestro del Día, el carácter desde el cual se lee todo el resto. Nacer con Ren en ese lugar no es recibir un destino, es recibir una manera de ocupar el espacio.
Un Maestro del Día Ren piensa en volumen y en trayectoria. Abarca más de lo que se le pide, comprende deprisa, enlaza campos que no tenían por qué encontrarse, y soporta mal que se le asigne un lugar definitivo. Su baza es la capacidad de carga: sostiene situaciones que sumergirían a otros. Su dificultad es la contrapartida exacta, el compromiso que dura y el marco que se sostiene, porque nada retiene el agua sin darle una forma.
Lo que este tronco indica solo cubre uno de los ocho caracteres. Los otros siete, empezando por la rama del mismo pilar de día, modifican su expresión. Es también lo que separa esta lectura del horóscopo chino anual: el animal del año es asimismo solo un carácter sobre ocho, y no es este.
Palabras clave
- Amplitud
- Movimiento
- Inteligencia
- Inaprensible
- Libertad